Something For You

Eliane Elias – La dama del piano
El Pais
01.19.2008

Una olvidada cinta con piezas inacabadas del legendario pianista de jazz Bill Evans ha sido el material con el que ha dado forma a un nuevo disco la artista brasileña. Something for you es una evocación y una recreación de la música de este influyente creador. Por Carlos Galilea

El Pais QUlEN iba a decir que yo, una niña de once años, que adoraba a Bill Evans, acabaría por casarme con su contrabajista favorito y ten­dría en mis manos el honor y la responsabilidad de grabarlas úl­timas cosas que él escribió”, afirma la pia­nista brasileña Eliane Elias (Sao Paulo, 1960), que lleva ya más de media vida en Nueva York. Ha pasado estas navidades en Brasil, y en casa de sus padres encontró las partituras de Bill Evans que había transcri­to siendo una cría. “Desde que yo tenía once años me apasionó su forma de tocar, la manera de armonizar y de usar la melo­día”, dice por teléfono. Habla en portugués aunque a veces no encuentra alguna pala­bra. “¡Estoy tan acostumbrada al inglés!”, exclama. “Yo hacía transcripciones de mu­chos pianistas. Transcribía los discos de Osear Peterson, Art Tatum, Errol Garner, Bud Powell, Herbie Hancock, Keith Ja-rrett… mientras giraban en el tocadiscos. Escribía cada nota en el papel pautado y después locaba con ellos. Los discos eran de mi madre, que toca piano clási­co y siempre fue una gran aficiona­da al jazz. Vengo de una familia, por el lado materno, muy artística. Su madre, que ya falleció, era hija de italianos cantantes de ópera y toca­ba muy bien la guitarra clásica. Así que fui criada en un ambiente muy musical”.

Hace un año, Marc Johnson, el último contrabajista de Bill Evans, redescubrió una cinta de cásete que el pianista le había entregado una semana antes de morir. “Bill le había dicho: ‘Aquí hay un material con el que estoy trabajando, que me gusta­ría que ensayáramos y grabáramos’. Cuando falleció en 1980, Marc que­dó tan afectado que la guardó y nun­ca la escuchó. En un lado estaba Bill ensayando y en el otro hablaba de las pie­zas que estaba escribiendo y las iba tocan­do. Al oírlas me recorrió un escalofrío de los pies a la cabeza. Cuando era muy niña me emocionaba al hacer las transcripcio­nes y sentía algo por dentro que no consi­go explicar. El corazón se me salía y pare­cía una loca cuando terminaba. Me puse a trabajar en seguida en la transcripción de la música de la cinta. Al acabar la primera pieza, empecé a tocarla con él y me caían las lágrimas. Después de 30 años de músi­ca no pensé que volvería a sentir eso en mi vida”.

En el disco homenaje hay clásicos como Butitocfor me o Myfoolish heart y composi­ciones suyas como Waltz for Debby. Obras que van desde los inicios de Bill Evans has­ta las últimas cosas que él escribió. “Está Vive, de una época en la que estaba muy influido por el bebop. por Theionius Monk, y ¡o último que compuso, una pieza a la que le he puesto el título de Here’s some­thing for you y para la que escribí una letra. No tenía intención ya que estaba pensada para piano solo y trío. Un día en la cocina empecé a canturrear ‘here’s something for you…’, corrí al piano y comenzó a fluir la letra con una combinación de títulos de obras suyas, que él tocó o que fueron cono­cidas a través de él”, explica. “Eran tantas las piezas que yo quería grabar. Hay 17, que son bastantes, y no conseguía reducir el número. Decidí entonces hacer un disco de canciones, sin grandes improvisacio­nes, pasando de una canción a otra para poder contar una historia más completa”.

La voz de Elias desborda entusiasmo. “¡Tengo tantas historias para contar! No se trata de recrear lo que Bill hizo sino de un tributo a lo que hizo. Hay momentos, co­mo en el inicio de / lo ve my wife, que sí que parece su manera de tocar, pero cada uno tiene su personalidad musical. Y el que no la tiene no va a ningún lado (se ríe). Mi forma de abordar la música es mía y el resultado de haber crecido con idiomas musicales tan fuertes como el jazz, Brasil y el clásico. Esa combinación me proporcio­nó la amplitud para poder hacer cosas dife­rentes y sentirme completamente a gusto en todas ellas”.

Haber crecido con idiomas musicales tan fuertes como el jazz, Brasil y el clásico me proporcionó la amplitud para poder hacer cosas diferentes y sentirme completamente a gusto en todas ellas

La convivencia con Marc Johnson le ha permitido a Eliane Elias poder conocer mu­chas cosas sobre el fallecido pianista esta­dounidense. “Era una persona reservada, un hombre muy introvertido. Su música, pese a instantes de gran alegría, y de comu­nicamos ese estado de ánimo, tema mu­chos momentos de introspección. En cuan­to al lado personal, no era muy feliz. A causa de su dependencia descontrolada de las drogas. Lo que Bill Evans estaba hacien­do era algo prácticamente suicida. En New conversations, uno de sus últimos discos en estudio, estaba completamente limpio. Entonces no tomaba drogas y puedes escu­char la claridad en la música, en su piano. ¡Una maravilla! Fue una época en la que estaba más feliz, y consiguió vivir sin dro­gas, aunque luego volvió a ellas”.

Eliane Elias suscribe la tesis de que Bill Evans cambió la historia del piano en el jazz. “Trajo una función mucho más or­questal que la que tenían los pianistas de bebop. Amaba la armonía europea, la de Ravel y Debussy. Le gustaban los impresio­nistas y los románticos como Chopin. Aquel refinamiento armónico europeo mezclado con los ritmos del jazz. Él creó esa escuela de armonía. Y no sólo eso. Tam­bién el sonido tan bonito que le sacaba al piano”. Y apunta una teoría: “¿Sabe que Bill era zurdo? Tenía un excelente dominio del instrumento y con la mano izquierda podía cambiar notas de los acordes. Creo que el hecho de ser zurdo contribuyó a establecer esa diferencia con otros pianis­tas. Es una suposición mía, pero me parece muy interesante un zurdo como pianista”.

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sa brasileña ha tocado con secciones rítmicas tan brillantes como las formadas por Jack Dejohnette y Eddie Gómez o aho­ra Marc Johnson y Joey Barón. “Me parece que el trío de piano es la forma más linda de expresión, la gran estrella del jazz”, dice riendo. “Bill Evans, y eso es algo que a mí siempre me atrajo mucho, se juntó con músicos con los que había interacción. Mú­sicos que participan. Tomemos por ejem­plo a Osear Peterson, al que también ado­ro, en su caso el piano hace un solo, el contrabajo hace su parte (se pone a imitar el latido con la boca] y la batería ¡prosigue su imitación sonora] también acompaña. En el trío de Bill Evans existe comunica­ción entre los instrumentos. Por eso se sentía atraído por bajistas como Marc Johnson, Eddie Gómez o Scott Lal-’aro, y baterías como Paul Motian o Jack De­johnette, que tienen ese virtuosismo. Una forma del arte del trío que, en mi opinión, fue desarrollada por Bill Evans. Él fue qtüen comenzó”.

Bill Evans tocaba composiciones de au­tores brasileños como Francis Hime (Min-ha) y Luiz Eca (The dolphin). “Me pareció bonito grabar Minha porque él solía to­carla a dúo con Marc en directo. Pensé hacerla en piano solo y cantar la letra que es maravillosa. ¡Y esa letra es también otra historia! Fue un problema en el estu­dio porque yo estaba casi en lágrimas”, confiesa.

A los 17 años, Eliane Elias acompañaba a Vinicius de Moraes, que se presentaba en público con una fórmula que él había bauti­zado como “el poeta, la chica y la guitarra”. Se ríe al recordarlo. “Nuestro grupo era más numeroso. Había contrabajo, batería, saxofón, percusión y tres vocalistas. Estába­mos celebrando 10 años de colaboración de Toquinho y Vinicius con una gira por América del Sur. Pennanecíamos un mes entero en un teatro de Sao Paulo, otro mes en uno de Río, y lo mismo en Buenos Aires, Montevideo… En ese espectáculo Vinicius se sentaba junto a una mesita con su vaso de whisky, Toquinho se ponía con la guita­rra y yo me ocupaba de la dirección musi­cal. Vinicius entraba en el escenario bailan­do y la gente enloquecía. Estuvimos tres años juntos. Hasta la muerte de Vinicius”.

Sabe que Fernando Trueba ha rodado un documental sobre el pianista Tenorio Jr., desaparecido durante los primeros días del golpe de Estado de 1976 en Argentina. “¿Ya está listo? ¡Qué historia terrible! Salió una noche del hotel en Buenos Aires a com­prar cigarrillos y nunca más se supo. Teno­rio tocaba el piano con Vinicius y Toquinho justo antes de que yo entrara en el grupo”, dice Eliane Elias, la única mujer que partici-pó en la película sobre el jazz latino Calle 54. “Fue una sorpresa que Fernando me llamara. Me sugirió que tocara tura deter­minada canción y mira que yo soy una persona complicada para eso porque la pie­za me tiene que gustar y soy yo la que elige el material que toco. Me preguntó si cono­cía Samba triste, de Edu l,obo, y cuando la escuché pensé que era perfecta para mí”.

En 1973, en Sao Paulo, entró en la escue­la de Amillon Godói, “un pianista clásico, con una técnica increíble, que me preparó seriamente. Estudié la escuela clásica fran­cesa y después la alemana. Él conocía los métodos de la Berklee School of Music y me lo pasó todo. Realmente lo absorbí to­do muy rápidamente. Con quince años me ocupaba del departamento de piano, ¿bas­tante precoz, no?” (se ríe).

Reconoce la gran influencia que ejercie­ron en ella aquellas fantásticas formacio­nes de samba jazz, como el Zimbo Trio, de Amilton Godói, el Tamba Trio o ei Jongo Trio, que impactaron a Rubén Blades y que fascinan a Femando Trueba. La música ins­trumental brasileña vivió entre 1959 y 1965 una edad de oro. Según Trueba, tan impor­tante como el impresionismo o la nouvelle vague, hasta que la industria decidió apos­tar por las canciones cantadas de tres mi­nutos. “Fue una pena. Pero en Brasil la música instrumental, cómo podría decirlo, es tan minoritaria, son tan pocas las perso­nas que la aprecian”.

“Yo tocaba con grandes de la bossa no­va como Toquinho, Vinicius, Garios I.yra o Billy Blanco, llevaba la dirección musical de festivales como los de Curitiba o Sao Paulo, y hacía televisión. Así que estaba muy bien situada profesionalmente. Pero desde pequeña decía ‘me voy a Nueva York’ porque veía que todos los discos que me gustaban estaban grabados en Nueva York. Poma ‘grabado en ei Village Van-guard’ y yo pensaba ‘allí voy a ir’. Y allí que fui”. En 1981, con 21 años, aterrizó en Man­hattan. Una mujer, brasileña y blanca, en un mundo nocturno de hombres en su ma­yoría negros. Había que echarle valor. “Te­nía mucha seguridad en mí misma. Estaba muy segura de mi capacidad musical. Te­nía ya mucha experiencia y la prueba de que estaba preparada es que todo sucedió muy rápidamente”.

Eliane Elias entró a formar parte de la banda Steps Ahead y fiie portada de revis­tas de jazz. Llegó a comentar que, al con­trario de lo que podía pensarse, lo de ser guapa no ayudaba. “Al principio sí que hablaban del físico, pero en cuanto me sen­taba ante el piano y me ponía a tocar se quedaban boquiabiertos. Cuando entraba en un club y les decía que era pianista. ‘¡Ah!, eres pianista, sí, bueno”. Y lo entien­do porque ver llegar a una jovencita rubia y mona diciéndolcs que era pianista no dejaba de ser algo raro. Yo también lo hu­biera pensado. Asistía a las improvisacio­nes y sólo les decía ‘¿puedo tocar con voso­tros?’. Y se fue corriendo la voz por toda la ciudad. Porque la música es la que habla”.

“A veces un contrabajista con el que estoy tocando me dice ‘vaya. Eliane, ai es­cucharte pienso que estoy con un negrazo de cien lulos y ahí miro y estás tú en el piano’ (se ríe). Debo decir que nunca sentí prejuicio alguno. Y cuando miro hacia atrás me siento feliz y muy realizada. Y orgullosa de haber hecho lo que hice por­que yo lo tenía todo en Brasil y me fui sola a intentarlo. Las cosas salieron bien con mucho trabajo, sudor y dedicación, y so­bre todo, amor por la música”, afirma.

Más de una vez ha pensado cómo ha­bría sido su vida de haberse quedado en Brasil. “Precisamente Marc me lo preguntó el otro día al hablarme de lo que he desa­rrollado. Yo no tenía intención de ser can­tante, sólo usaba un poquito la voz como un instrumento, pero en los últimos años desarrollé esa faceta de una forma tremen­da. Aunque empecé medio tímida en los primeros discos, hoy se puede ver cómo suelto la voz. En Brasil hubiera tenido que dedicarme a acompañar a cantantes. Y a

Desde pequeña decía ‘me voy a Nueva York’. Y allí que ful Tenía mucha seguridad en mí misma. Tenía ya mucha experiencia y la prueba de que estaba preparada es que todo sucedió muy rápidamente

mí eso no me va. La única cantante a la que me gusta acompañar es a mí misma (la carcajada reuimba en el auricular). Y aun así mi piano se pone celoso” (signe riendo).

My foolish heart es una obra que a Marc Johnson le enseñó su padre y que le guió hacia Bill Evans como un faro. “Cuando Scott LaEaro, miembro del trío original de Evans, murió en un accidente de tráfico en 1961, con 25 años, su contrabajo estaba en el coche y una parte quedó dañada. El ins­trumento, una auténtica joya, fue restaura­do y guardado en un estuche enorme, a una temperatura determinada y con la hu­medad perfecta, en el taller del hilhier que lo reconstruyó. Marc le comentó lo que estábamos haciendo y Barry le dijo ‘va a ser la primera vez que lo ofrezco y es por­que para vosotros dos se trata de algo muy serio. ¿Te gustaría tocar el contrabajo de I-aKaro?’. Grabamos dos temas el 4 de julio, Día de la Independencia de Estados Uni­dos. Uno es un bonos para la edición japo­nesa, Re: Person I Icnew, y el otro, My foolish heart. Con ese contrabajo que tiene una sonoridad tan particular, que permite notas bien largas. Todo en este disco pare­ce que tenía que ser mágico”.

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